La doctrina “Castigar a quienes nos cuidan” no corre más con este Gobierno

Eduardo Amadeo, Infobae.com, 10 de febrero de 2018.

La frase de la ministra Patricia Bullrich, “Cuidar a los que nos cuidan”, traza una raya importantísima con quienes solo quieren “castigar a quienes nos cuidan”. Y será una política de Gobierno, que incluye la mayor capacitación y control de las Fuerzas.

Alrededor del tema Chocobar hay varias discusiones paralelas. Por un lado, está la puramente judicial: ¿Chocobar actuó de acuerdo con la ley? ¿Fue legítima defensa, exceso, gatillo fácil? ¿Debió haber disparado como lo hizo? Esta discusión se resolverá en los Tribunales y en ella seguramente influirán las variadas miradas teóricas, que incluyen el garantismo.

Obviamente esta discusión no es pura y está influenciada, entre otras cosas, por la presión mediática, en la que una parte de la prensa ha sacado sus propias conclusiones antes del juicio definitivo de los jueces.

La segunda discusión es la política, que está marcada por la (sobre)actuación de los organismos de derechos humanos, para los que cualquier situación de este tipo debe ser resuelta con un concepto a priori: las fuerzas de seguridad son culpables por definición y deben ser apartadas y castigadas, aun cuando no haya pruebas claras. Para ellos, incluso la palabra de la Justicia es relativa, porque desde el principio existen un culpable y un inocente que están definidos por la lucha política.

El estruendoso fracaso en el caso Maldonado no los ha amilanado y buscan cualquier oportunidad para retomar un lugar en la credibilidad pública. Lo peor de este discurso es que demuestra que para muchos de sus líderes los derechos humanos son relativos: deben respetarse para los amigos, pero no para los adversarios. Aun cuando sea cierto que el Estado tiene el poder de la fuerza pública y, por tanto, debe ser doblemente cuidadoso en su uso, estas personas no dicen una palabra cuando los seres humanos que forman las fuerzas, e incluso sus familiares, sufren la agresión de los delincuentes.

La tercera discusión o conversación es la social; lo que piensa, siente y expresa la sociedad. En este caso, como bien dijo hace poco Jaime Durán Barba, la sociedad tiene una posición durísima, de muy baja tolerancia al delito y sus consecuencias. Desde la pena de muerte hasta el endurecimiento de todas las penas y la desaparición de concesiones como las salidas anticipadas, la sociedad tiene definitivamente una posición que podríamos denominar represiva. Cualquier alternativa al encarcelamiento, y aun un régimen más leve para los menores, tiene un rechazo masivo. Tampoco debemos caer en estos extremos.

Maldonado, Nahuel, Chocobar son síntomas de un proceso mucho más profundo que va a tener consecuencias. Ante todo para la Justicia, que verá limitada su capacidad para un trabajo autónomo en el que no tome en cuenta la realidad social. Y no me refiero a juzgar por la presión social, sino juzgar en los tiempos que correspondan, tomando en cuenta las pruebas y respetando plenamente la legislación. Cada vez más los jueces deberán responder por sus actos.

Luego, la actuación de los organismos de derechos humanos, que deben despolitizarse y volver a la esencia de su carácter absoluto. Si no lo hacen, el desprestigio social les va a costar muy caro en términos del lugar respetable que pueden y deben tener.

Con respecto a la presión social, corresponde a la política encontrar un justo medio que logre no solo espectacularidad, sino también resultados.

Mucho se está avanzando en todos estos campos desde el Gobierno. La frase de la ministra Bullrich: “Cuidar a los que nos cuidan”, traza una raya importantísima con quienes solo quieren “castigar a quienes nos cuidan”. Y será una política de Gobierno, que incluye la mayor capacitación y control de las Fuerzas. La reforma judicial está en marcha, incluye una transformación carcelaria profunda. Y pondremos, como legisladores y militantes, toda nuestra energía para que se frene el uso perverso de los derechos humanos como herramienta de la lucha política.

Fuente: Infobae.com

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