Elogio de la duda

Eduardo Amadeo, Infobae, 13 de junio 2016

Cada tanto tiempo se instala en el circulo rojo, una idea que pretende definir el “sentido común” y que se repite maníacamente en los medios de comunicación. Muchas de ellas han fracasado estrepitosamente, como las que asumían el fiasco de la salida del default; la imposibilidad de aprobar leyes o la explosión social.

La de esta quincena es la que critica las “dudas y errores” del Gobierno, expresadas en modificaciones de textos legales (el artículo 83 de la ley de blanqueo sobre la prensa); contradicciones con afirmaciones de campaña (los feriados); o reformas en decisiones de política (como las reducciones en el aumento a las tarifas).

Las críticas más benévolas, hablan de un estilo “light” de gobernar; las mas duras de incapacidad. El respetado Julio Bárbaro habla de un “Gobierno de ensayo y error” y lo califica de “fórmula peligrosa”.


Todas estas consideraciones me recuerdan dos frases de intelectuales esenciales. Borges decía “La duda es uno de los nombres de la inteligencia”; mientras que Ortega afirmaba que “La duda es la jactancia de los intelectuales” (Aldo Rico, por el contrario decía que “los soldados no dudamos”; y así le fue).

Me permito manifestar mi admiración por formar parte de un Gobierno que se permite dudar, equivocarse y corregirse públicamente

El sistema político tiene pruritos en dudar. Hay una frase que se ha convertido en lugar común como inicio de discursos: “sin lugar a dudas”; y que muestra con mayor o menor intensidad, un intento de clausurar toda discusión. Dudar públicamente en política pareciera ser una muestra de debilidad.

Luego de esta larga introducción me permito entonces manifestar mi admiración por formar parte de un Gobierno que se permite dudar, equivocarse y corregirse públicamente.

Y que lo hace no por incapacidad o falta de experiencia, sino porque ha asumido la complejidad como eje de su construcción política.

Cuando el mundo se reduce a construcciones binarias como “amigo o enemigo; pobres o ricos; peronistas o gorilas; dependencia o liberación”, no hay necesidad de dudar o de corregirse. En esos espacios tenía razón Aldo Rico: la duda no es para combatientes. Aunque uno se equivoque cruelmente siempre tendrá razón.

Donde no hay dudas es en las grandes lineas del rumbo: opción por los pobres; economía estable; gobierno honesto; diálogo permanente; inserción en el mundo; respeto por las instituciones

Pero cuando se trata de resolver conflictos complejísimos, donde prima la “frazada corta” en dilemas entre lo social, lo económico y lo político, la duda es un síntoma de honestidad y sensibilidad.

Cuando la decisión es no esconder los problemas (como sucedió con la inflación y la pobreza en la década ganada), las soluciones son igualmente complejas y pueden cometerse errores, que hay que rectificar. Y eso es muy bueno, sobre todo si se explica.

Es también notable ver como en los medios de comunicación parece extrañarse el modelo de verdad única; por el que la opinión contraria a cualquier decisión oficial, era considerada golpista y atacada sin piedad.

Cuando este Gobierno opta por el camino de dialogar para explicar decisiones que no son blanco o negro, la respuesta es la que propone Julio Bárbaro: peligroso ensayo o error.

Habiendo alabado la duda y la complejidad corresponde también desdramatizar el tema. Donde no hay dudas es en las grandes lineas del rumbo, que repite permanentemente el Presidente: opción por los pobres; economía estable; gobierno honesto; diálogo permanente; inserción en el mundo; respeto por las instituciones. Que son mucho más importantes que modificar un artículo o una ley.

En síntesis, que pronto aparecerá un nuevo “sentido común” sobre el que habrá que explicar, dialogando con todos. Por eso es que este estilo político es tan apasionante. Sin lugar a dudas.

Artículo publicado en  https://www.infobae.com/opinion/2016/06/13/elogio-de-la-duda/

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